miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Por qué yo?

    ¿Por qué yo? ¿Por qué puñetas yo? No quiero, soy jóven.
Esa pregunta se la hizo un chico de 17 años, alto, moreno, de ojos azules al enterarse que le habían diagnosticado cáncer de sangre o, en términos médicos, leucemia.
Fue interesante el modo en que se enteró de la enfermedad:
David comenzó una dieta famosa que fue y sique siendo el boom de las dietas. Al mes de haber comenzado la dieta David había perdido 11 quilos y de vez en cuando sentía unos mareos que, en ocasiones, le hacían tener que sentarse en algún sitio antes de caer al suelo. Una vez el mareo llegó hasta un punto en el que la vista se le nubló de tal manera que la única información que llegaba a su cabeza eran puntos rojos en un mar negro.
Su madre le decía que fuera al médico ya que él no aceptaba que era porque comía poco o al menos eso creía la madre, pero la noticia fue otra.
-Hemos encontrado indicios en la pruebas de que padeces leucemia.- en ese instante se le cortó la respiración.
Maldita fuera la frase que salió de la boca del doctor Aquiles. Aquiles, un doctor de raza sudamericana, nunca pensó que su viaje a España para ejercer la medicina en un ambiente de mejor riqueza en aspectos amplios conllevaría el tener que informar de un cáncer mortal en el cien por cien de los enfermos que lo padecían.